Esperaré.
Hasta que el dolor no duela.
Hasta que llegue el momento.
Hasta que mis gritos no los oiga nadie.
Hasta que mis palabras sean oídas.
Hasta acabar lo que dejé a medias.
Hasta saber lo que quiero.
Hasta perder lo que me tormenta.
Hasta no esperar a que no me decepcionen.
Hasta superar tus recuerdos.
Hasta que las lágrimas me dejen ver las estrellas.
Hasta saber esperar.
Hasta controlar mis impulsos.
Hasta que mis mejillas no recuerden tus besos.
Hasta entender qué sueños son sueños.
Hasta apreciar que lo que tengo es mío.
Hasta recuperar la paciencia.
Hasta encontrar un por que.
Hasta encontrarme.
Esperaré hasta encontrarte.
Mientrastanto, iré sobreviviendo.
\imagen by tipika\
servido por lamarteta
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Una vez, alguien me dijo que dejara de escribir por un tiempo o que, por lo menos, cuando escribiera algo, lo dejara reposar unos días para después repasarlo y borrar todas las cosas que decía de forma ofensiva.
Muchas veces me han dicho que cuando escribo a alguien por algún motivo en especial, es como si sacara una espada y dejara bien claro quien es el mosquetero.
Hasta hay quien me lee para descubrir lo que no puedo decirle.
Si. Escribo desde las entrañas. Y sobretodo aquí. Porque mis palabras no son más que sentimientos reprimidos en mi. Sentimientos que no puedo más que liberar a través de eso: palabras. Porque luego, en la vida real, estas se quedan en hojas blancas y en mis actos las espadas apuntan hacia mí.
Siento haber herido a través de palabras que nos son más que la sangre de mis heridas.
servido por lamarteta
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Todo lo que una vez compartimos, todo lo que formaba parte de mi y quise vivir contigo, ahora no puedo ni visionar, porque me recuerda a nosotros.
Huí del lugar de nuestros momentos, no puedo volver a los rincones de escape y ni tan solo aquellas ciudades que recorrimos pueden olvidarse de nosotros. Las fotos me pinchan al corazón y me queman el estomago.
Pienso en ti y siento odio, pienso en nosotros y me hunde la melancolía. Aunque se todo lo que me has robado, todo lo que me has dolido, todo el daño que quisiste hacerme cuando viste que empezaba mi vida sin ti; sigo pensando en lo que he vivido contigo.
Ahora me pregunto por qué me tratas con desprecio, por qué has desaparecido por completo, por qué sigues intentando dolerme, por qué no puedes permitir que compartamos un amigo y por qué intentas hacer pena delante de nuestros conocidos. Aunque me aparecen algunas respuestas a todos esos por qué, no puedo explicarme que todo haya sido un engaño. Tan ciega he estado? Debí fiarme más de mi olfato.

servido por lamarteta
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Siento mi ausencia de palabras porque la indecisión y el dolor las han reprimido. Siento mi ausencia de persona en presente porque te habré hecho sentir como que no existías para mí. Siento que mis decisiones y mis acciones parezcan alocadas y sin sentido, pese a que son fruto de profundas racionalizaciones. Siento que mi manera de pensar no sea comprendida, porque demuestra mi fallo al hacerme entender.
Pero lo que mas siento es que hayas recibido explicaciones de mi pero no por mi parte. No sé lo que sabes y lo que no. No sé si hay decepción o comprensión. Pero quiero que, si quieres saber de mi o si tienes opinión a mis acciones, que me preguntes, que me los digas. Porque te necesito. Necesito a mis amigos aunque yo no me dedique a conservarlos.
A todos aquellos que han recibido noticias de mi pero no por mi parte.
servido por lamarteta
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Un poema genial enviado por una gran y buena amiga.
Mil gracias, de veras mil gracias.
CRÓNICA DE MÍ MISMA
Matilde Alba Swan
Y querer merecerme; de veras merecerme.
Revisar mis dispersas escrituras,
mi palabra, revisarme el sollozo,
la garganta,
auscultarme el latido, desollarme,
revisarme las venas, las arterias.
todo el complejo existencial
que asumo.
Revisar mi conducta, mis proyectos,
lo soñado, ensoñado,
lo vivido,
conformarme de nuevo, aun no inscripta,
sin visión, sin recuerdo, sin mentiras,
sin verdades ocultas, temerosas,
sin impulsos,
sin deserción, sin este yo
impreciso.
Revisarme hasta el fondo, descifrarme,
prenderme, saberme, perdonarme,
tanto pude y no hice,
tanto hice febril
a manotazos,
en apremio suicida, lograr algo, dejar
algo, quedarme allí incrustada,
en la trama inicial, impenetrable,
indestructible, quedar, estar,
ser siempre,
y vencer de la muerte,
y de la vida.
Permanecer y ser, por solo acto
de ingerencia en un sino
de criatura.
Despedacé mi carne, carne mía, fatigada
de esfuerzo y sinsabores, me derramé, me di,
me hice guiñapo; al costado de holgura,
fui miseria.
Quise tanto y a tantos, y la tierra,
ese soplo de polvo que me aguarda,
y mi aventura batalladora hecha
de timidez, de inermidad
y miedo.
Estos árboles rudos que me vencen
la mirada, cada vez menos útil, y esta noche
que circunda mis noches y me azuza y me manda
no dormir, y pensar, y sentir frío,
y volver al dolor que hice a un costado.
Yo debo revisarme desde el antes,
descubrir el motivo, causa, impulso, la razón,
el por qué, y el hacia adónde, y el por qué
del por qué de la pregunta.
Ascender la montaña hacia la cima,
y mirarme, un abismo,
en el abismo, y elevarme al azul
por propio esfuerzo apoyándome en mí,
envolviéndome en mí,
desde mí misma,
tirar de mí hacia arriba; tocar siquiera
una sola estrella, una sola, o su fulgor
siquiera, o siquiera seguirla
desnudando
mi vergüenza a su luz. Esta corteza,
que resquebraja
cada vez que pienso,
y estas raíces que me petrifican
bajo la inercia de un planeta
muerto.
Quiero salir maleza a herir caminos,
y punzarme de heridas, ser, de pronto,
este mundo y un próximo intuido,
y recordar, de pronto, un otro antiguo
mundo en seres golpeados que lloraron
mucho antes de mí, y que derramaron
en mi llanto de hoy, su sal y acíbar.
Ser el ánfora quieta de una ignota,
milenaria mansión
sin nada dentro,
y esperando.
Un océano en peces y vitrales, y en suicidas
y barcos milenarios; ser la orilla, el camino
sobre el agua, ser la brújula, el sol rojo
de noche y el marinero que perdió la novia,
la llegada y el puerto, abigarradas
multitudes ruidosas,
y en mí, nadie.
Asomarme a la ardiente boca ígnea
de un volcán que despierta en el incendio,
y saber que soy fuego y quemadura,
que la lava soy yo,
descascarando;
desnudada, sentirme leña al rojo, derramado
mineral,
embistiendo la ladera, burbujeante y hervida.
Merecerme, de veras merecerme;
en cuclillas orar, sin darme cuenta,
porque quiera la entraña de mi madre,
exhalarme a la luz, y ser pequeña,
respirar, prometer, ser la esperanza
para alguien, sin nada más que el hilo,
que amenaza romper de una esperanza.
Merecerme de veras; ya retorno
del altar y del lodo, del sollozo,
del gemido y del canto, de mi propio
funeral, y me escucho como corro
anhelante y jadeante
a mi bautismo.
servido por lamarteta
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