Ayer estuve en la celebración de los 50 años de casados de una pareja muy característica.
Ella, Carme, es una mujer muy detallista y muy dedicada y él, Jordi, es un artista despistado que vive en su mundo de ideas, colores y notas.
Lo que más recordé ayer fue algo que me contó Carme hace un tiempo. Todo empezó con la pregunta de como me iba la vida amorosa. Acababa de dejarlo con un chico así que se lo comenté y me respondió:
Casi recién casados, a mi marido le dieron un trabajo en las afueras durante más de una semana. Nosotros nunca nos separábamos aunque fuese por tema de trabajo pero, por primera vez, él tenía que ir sin mí. ¡Y era mucho tiempo!
Una de las cosas más duras de nuestra convivencia después de casados eran los pequeños detalles. Lo que menos soportaba era que en el baño, dejaba las toallas todas manoteadas y mal puestas. Yo me las tenía con este tema pero él nunca se daba cuenta y, por mucho que se lo dijera, las toallas siempre quedaban mal.
Cuando se fue, yo me sentí muy triste; aunque cada vez que iba al baño me encantaba ver como todo estaba en su correcto sitio, sobretodo las toallas. Al segundo día, entraba en el baño y empezaba a desear encontrarme con algún resquicio de toalla mal puesta. Pero el resto de días, yo misma, de forma impulsiva, colocaba mal las toallas. Una toalla bien puesta era la evidencia de su ausencia.

Això és AMOR !!!