Te vas. Y a veces me parece más fácil enfadarme contigo para que no me duela tanto. Te rechazo y te grito para que tu ausencia no sea más que un vacío de alguien a quien quiero demasiado.
Pero no. No puedo evitar sentir que tu marcha me va a doler. Que tus visitas a casa van a ser anuales en lugar de saber que, como mínimo una vez al mes íbamos a pasear por Barcelona.
No sé cuantos miles y millones de veces se habrá pronunciado la frase: te voy a echar mucho de menos. Para mi, no es que me restes, sino que me arrancas.
Te vas. Y eso es algo que no puedo evitar. Pero que, sobretodo, debo aceptar. Mientras sigues aquí, disfruta de todos aquellos momentos en los que te pueda llevar con mi moto, o reírme de ti porque tu te ríes de mis “empanadas”, o de los silencios frente al abismo que sin palabras describimos. Quiero disfrutar de todo lo que entienda hasta que te vayas. Eso sí, siempre que no estés ocupado esquivando cañas de pescar.
Recuerda que siempre que allí te sientas perdido, hay una canción a la que yo responderé: Get me away from here. I’m dying! Está claro que no voy a coger un vuelo para llevarte conmigo. Ya me gustaría tener esa capacidad. Pero inventaré algún modo para llevarte con tu presente ausencia a otra parte. Pero sobretodo no olvides esto: ¡no pierdas tu esencia!